Discusión sobre este post

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Avatar de Andrés Alberto Mancini

@Samuel Alberto Mantilla Blanco, excelente análisis y muy fundamentado. Tus cinco conclusiones finales me parecen el verdadero centro del post, más que el aparato conceptual de observabilidad/inteligencia, que también es muy correcto. Quiero recorrerlas una por una, para matizar o profundizar algunos conceptos:

Sobre las firmas grandes y medianas. Coincido en que están labrando su futuro sin liderar a la profesión. La inversión en infraestructura (KPMG-Anthropic, Deloitte-Nvidia) es real y estratégica, pero está orientada a defender cuota de mercado, no a resolver el problema de fondo que planteas, quién gobierna el algoritmo que reemplaza al estándar. Eso no aparece en ninguna hoja de ruta corporativa porque no es un problema comercial, es un problema de legitimidad institucional, como ya lo hemos venido advirtiendo en nuestros post.

Sobre las firmas pequeñas y los auditores independientes. Acá coincido sin matices, y esto conecta con la discusión de proporcionalidad IESBA para las SMP: el problema no es solo que las firmas chicas "carecen de recursos y de orientación" frente a estas tecnologías, como decís — es que el propio marco normativo ya asume, por diseño, una firma con escala suficiente para absorber el costo de cumplimiento. La proporcionalidad que debería aplicarse al código de ética y al aseguramiento en general no tiene todavía un correlato en la infraestructura tecnológica: nadie está pensando una proporcionalidad para el acceso a las herramientas algorítmicas de auditoría. Mientras las Big Four negocian alianzas con los grandes proveedores tecnológicos, la firma pequeña ni siquiera tiene resuelto el escalón anterior de infraestructura digital básica. La brecha no es tecnología sí o tecnología no: es que la proporcionalidad, como un problema no resuelto en lo normativo, se está por replicar, agravada, en este terreno.

Sobre los reguladores. Tu lectura de que "están siendo desbordados" es generosa. Lo que se observa en distintas jurisdicciones es más bien que el regulador (como el caso de Argentina) reacciona a la coyuntura tecnológica con ajustes de forma (digitalización de trámites, actualización de canales de presentación) sin tocar el fondo, el contenido y la función del aseguramiento no se están repensando en absoluto.

Sobre los emisores de estándares (IAASB, PCAOB). Coincido en el diagnóstico y agrego una hipótesis: no es solo que "no muestran dirección", es que estructuralmente no pueden hacerlo. Un organismo que construye estándares por consenso multilateral no tiene la velocidad ni el mandato para regular una tecnología que cambia trimestre a trimestre. El problema no es de voluntad, es de diseño institucional.

Sobre los programas de contaduría. Este es, para mí, el diagnóstico más severo del post y el más difícil de discutir. Seguimos formando para el cumplimiento normativo, NIA, marco regulatorio, fiscalidad, mientras las firmas ya están reemplazando en sus plantillas al contador sin competencia en estas herramientas por el que sabe trabajar en equipo con científicos de datos. La academia no está "llegando tarde" a la conversación: ni siquiera está en la mesa donde se decide qué reemplaza al estándar. Y esto agrava las otras cuatro conclusiones: si la formación universitaria, que debería ser el contrapeso independiente frente a firmas, reguladores y organismos normativos, sigue mirando para otro lado, no queda ningún actor institucional capaz de plantear la pregunta de fondo que haces al cierre: ¿qué reemplaza a los estándares, y bajo qué legitimidad?

Ese es, para mí, el verdadero "adiós": no a las normas como texto, sino a la posibilidad de que exista un actor institucional, firma, regulador, emisor de estándares o academia, con la independencia y la velocidad necesarias para responder esa pregunta antes de que la respuesta la den, por defecto, quienes construyen el algoritmo.

Avatar de walter sanchez

Como dijeron nuestros abuelos: "para razones el tiempo". Excelente aunque controversial la reflexión del apreciado colega Samuel Alberto, valiente su decisión de navegar a pesar de una profesión dormida, resignada y cada día mas con deterioro paulatino de su nivel intelectual y su aporte social. Los llamados de Samuel Alberto al respecto han sido incesantes pero no hay oídos de ningún tipo, ni siquiera la academia alza la mano y vive del usufructo de una comunidad de ingenuos e irresponsables ignorantes que creen que el título de contador público o los de especialistas en IFRS o NIAS constituyen un pasaporte al mundo del trabajo de calidad. ¡Que lejano les está ese paraíso!

En mis cuarteles de retiro, leo las reflexiones de Samuel Alberto y los sentimientos de ira y decepción asoman pues, previendo esos escenarios, nos adentramos en la investigación conceptual alrededor de los campos académicos y del ejercicio profesional: contabilidad, control, sistema de control interno, Ética y, desde luego, de la afamanda Auditoria (evite entender auditoria financiera); unos interesantes productos intelectuales asomaron pero fueron objeto de desdeño por parte de decanos, directores y docentes quienes se solazaron alrededor de los estándares internacionales ("manuales" de instrucciones) evadiendo el imprescindible y esencial enfoque de carácter conceptual; prefirieron infantilizar y mediocrizar la formación limitándose a convertir aquellos estándares en fuente de conocimiento. Conocí colegas alzados en hombros por haber "concebido" burdas y ordinarias "maestrias" en auditoria y llenarla únicamente de asignaaturas basadas en estándares y descartando la formación conceptual. ¡cómo siempre: nuestros colegas estudiantes felices pues solo les interesa el título para un cargo público!

Desde hace mas de quince años hemos venido hablando en nuestras actividades académicas alrededor de la contabilidad y la auditoria acerca del pensamiento algorítmico. Mi última cátedra fue sobre auditoria pero unos estudiantes ignorantes se quejaron del enfoque (¡increíble!) y el decano optó por decirme: ¡Enseñeles lo mismo de siempre! (Lease, engañelos) Dotar de estructuras conceptuales en materia de contabilidad y auditoria a los estudiantes de pregrado y posgrado ha sido siempre urgente y prioritario; incorporar el pensamiento algorítmico buscaba tener colegas para los desarrollos tecnológicos. Nuestros libros están llenos de ellos, pero mis colegas docentes solo hacen la fácil: informan agonizantes, anacrónicos e inútiles estándares.

¡En las redes está nuestra producción intelectual para enfrentar la emergencia de la IA! Gracias.

Walter Sánchez

Pedagogo Conceptual

Contador Público en huida

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Por supuesto, sigue adelante.